Nunca es oportuno tratar el tema. Porque cuando no hay elecciones, a pocos interesa. Y cuando los comicios se hacen presente, la sensibilidad se extrema. Sin embargo, Esperanza no es la única ni está ajena a la crisis de representatividad de los legislativos. Una mirada distinta sobre un tema que es trascendente para el sistema democrático y el futuro de las ciudades en la provincia.
El hombre toma el mate y lo acerca a la boca. Es un vecino más de la ciudad. Y se hace la pregunta: ¿A quién representan los concejales?
Y prosigue: «fijate donde viven, casi todos en el radio céntrico. No hay en los barrios periféricos. Y si mirás en el contexto de la historia de la democracia, desde el año 1983, son contados con los dedos de una mano los que vivieron en los barrios».
El vecino sabe de política. Y cree en dos condiciones que se han implantado en el mundo: el presupuesto participativo y la representatividad territorial.
Ambos tienen que ver con la participación de los vecinos y el involucramiento en el desarrollo comunitario.
Los brasileños son el mejor ejemplo de ellos. Subsumidos por la superpoblación de 160 millones de seres humanos, con 50 millones de vecinos en un solo Estado, el de San Pablo, los brasileños buscaron una forma diferente de ejercer el poder. Hace más de 30 años.
En la ciudad de Santa Fe el método está llegando. En Rosario está desde hace muchos años, como uno de los ejemplos propios del socialismo. Tienen la marca personal del Partido de la Rosa.
El tiempo que tarda en instalarse, no es por su negligencia, sino por lo que le cuesta a los políticos, desprenderse de viejas prácticas negativas.
La primera, el manejo a dedo en todos los partidos; la segunda, la obediencia debida al mandamás -en todos los partidos- y no la relación de trabajo mancomunado con los líderes.
La propuesta es que de los barrios surjan los propios concejales. Y que se hagan las reformas necesarias.
“La división es de siete. Y si se cumple la ley electoral, dentro de dos años, en el 2013 van a ser ocho concejales, porque la ciudad supera el número de personas que corresponde a esa cantidad. Es necesario que cada concejal sea representativo de cada sector y de esa manera, toda la ciudad se asegure estar representada en el Concejo Municipal” comenta.
Señala que las elecciones primarias permitirían elegir los vecinos de cada sector a propuesta de los partidos políticos, y los proyectos podrían estar sectorizados.
“En algunos barrios faltan más cloacas, en otro mayor iluminación, hay sectores donde se deberían proyectar parques o escuelas, hay que dejar espacios para construir comisarías. Cada barrio podría construir su propio perfil y su futuro, en el marco de un proyecto común que debería determinar el gobierno y el Concejo Municipal. Y la pelea se centraría en crecer y no en intereses de unos pocos” asegura el vecino, mientras recalienta la pava.
Para él, el problema es que el actual sistema municipal está viejo y no tiene futuro.
“Es necesario que la gente se involucre, que tome participación, que le busquemos soluciones a la representación. Si el mayor problema que tiene la gente es que no se siente representada, entonces hay que cambiar la representación y no las figuritas. Porque con el mismo método, tenemos el mismo resultado, del partido que fuera, porque ésto no es una cuestión ideológica, sino de estructura y forma.
Y además, no es probar por probar, cambiar por cambiar, sino por una estructura y forma que está probada desde hace treinta años y en la cual cada vez hay más ciudades, como Rosario o Santa Fe que la implementa con éxito, porque ¿quién no quiere estar mejor en su barrio y más en los temas que conoce y le importan?”
Además “fijate, la mayoría de los concejales representan a un sector marcado de la sociedad de Esperanza, son empresarios y profesionales. Son una minoría social, más allá que son importantes y buena gente, pero eso no representa a la comunidad porque deja a la mayoría afuera, alejados de sus valores cotidianos y sus inquietudes reales” afirma.
El hombre, que no milita en política, sigue la charla y opina, en todo su derecho.
Daniel Frank