Gente seria y de la otra. Urnas que levantan a nuevas figuras que la gente aprecia. Y que cierran las rejas para siempre a otros, muchos de ellos incluidos en el "que se vayan todos" no obedecido. Para ellos el "yo no los voto" se hace una constancia en la boca de la gente. Programas de noticias sesgados. Entrevistas preparadas. Spots televisivos con concurrencia escasa de la creatividad y la originalidad. Demagogia a paladas y en granos. Gente que promete el paraíso gratuito. Y otros profetizan el infierno tan temido.
Gente seria: poca.
Cada candidato presidencial muestra lo que tiene. Y proyectos, casi nada. Demasiado en la Argentina se hacen publicidades electorales con caudillismos, personalismos, cuando no agresiones y descalificaciones muchas veces sin vergüenza, sobre todo porque hablan como si un ángel les hubiera quitado todo el pecado de sus pasados que la gente conoce.
Periodismo que habla por otros. Pocos los que objetivamente miran el pasado, ven el presente y suponen el futuro. Nada original. Más de lo mismo. Demasiada injuria para tan poco debate. Y lo escaso del debate, de mala calidad. Hasta los "intelectuales" parecen ser más filósofos con calidad de "La Salada".
Un "intelectual" de "fuste", al menos en la propaganda de los poderosos, que anuncia el triunfo de su candidato, en contra de todos los pronósticos, e insulta a los periodistas, aparece en pantalla de TV.
Una carencia de objetividad y desprecio por la coherencia "intelectual" realmente llamativa. Seguramente el espectador adivina que eso no es gratis y le asegura el champán con sushi en Puerto Madero. Y el coche de alta gama en la puerta. Y algún que otro contrato para sus nuevos libros.
Nadie juega su prestigio tan aviesamente sin pasar por la caja.
Una elección presidencial en donde ya saben el resultado, merece otro análisis. Tal vez, pensar que puede mejorar el modelo, prever exabruptos, enriquecer el proyecto, que sea una postura enriquecedora como bien señalan los colegas de La Nación, en una de sus última entregas. Salir de la negación del "estos no existen" o de "los lleva el infierno como a los otros", y también "los votan los negros que subsidian con la asignación universal", sería un paso adelante para los opositores.
La herramienta incorporada por Cristina Fernández de Kirchner- en eso diferente a su esposo ex presidente- de abrirse al diálogo, debería ser una política más ampliada y corregir errores.
Una cosa es segura: la Argentina tiene el camino -largo por cierto -que busca desde hace 50 años para salir de pobre y, lo segundo, se reivindica en el mundo, el ser argentino luego de ser bastardeado bajo intencionalidad perversa por los que se enriquecieron con ello. El 50% cree haber encontrado el camino y se siente dignificado como argentino. El otro 50% anda por otras calles, que más parecen cortadas. ¿Quién tiene la razón en esta semana pre electoral? La gente tiene la libertad de decirlo en la urna de forma cívica el domingo.