¡Buenas tardes! Hay una vieja fábula que registra el siguiente diálogo entre la luna y un bichito de luz. La luna menospreciaba al insecto, repitiéndole todos los días: "¡Qué luz tan chiquita la tuya, bichito!". Un día éste le respondió: "Es chiquita, pero mía"… Era suya, no necesita de un sol para brillar.
L a lección vale para todos, especialmente para quienes padecen el complejo de sentirse sin talentos. En realidad, todos tenemos cualidades y debemos cultivarlas en la línea de nuestro propio ser.
Alguien escribió al respecto: "Quien espera contar con la ayuda ajena para realizar lo que se propone, olvida que primero debe empezar por contar consigo mismo, evaluando su capacidad, energías y constancia".
Hay una página de Roque Schneider que habla del tema. Se titula:
"Todo depende de ti"
"Aunque no tengas gran cultura, puedes cultivar la sabiduría de la caridad.
Aunque tu trabajo sea humilde, puedes convertir tu día en oración.
Aunque tengas cuarenta, sesenta o setenta años, puedes ser joven de espíritu.
Aunque las arrugas ya marquen tu rostro, vale más tu belleza interior.
Aunque tus pies sangren en los tropiezos y piedras del camino, tu rostro puede sonreír.
Aunque tus manos conserven las cicatrices de los problemas y de las incomprensiones, tus labios pueden agradecer.
Aunque las lágrimas amargas recorran tu rostro, tienes un corazón para amar.
Aunque no seas un santo, ni un ángel, en el cielo tienes reservado un lugar.
Todo, todo… depende de ti".
Le dejo un pensamiento de Sidney Harris: "Ser uno mismo no consiste en seguir siendo lo que se era, ni en estar satisfecho con lo que se es. Constituye el punto de partida".
¡Hasta el lunes!