¡Buenas tardes! Hace varios años los obispos de la provincia eclesiástica de Granada, España, publicaron una exhortación pastoral sobre la situación del tráfico en las rutas, afirmando que la ruta hoy es un problema de conciencia y de interpelación. Existe una verdadera "moral del tráfico", que fundamenta sus postulados en el valor y en la dignidad de la persona humana. De este principio esencial, dicen los obispos, brota la obligación de no atentar contra la dignidad de la vida, y el valor de la vida, los bienes propios y del prójimo, y las graves exigencias de la caridad y la justicia no son renunciables, ni se consideran como simple supuesto de la ordenación de la convivencia humana, sino como objetivo de la responsabilidad ante Dios. El hombre ha recibido de Dios el cuerpo y el alma, y nadie tiene derecho a ponerlos en peligro."
Por eso, conducir un vehículo presupone asumir la responsabilidad de conducirse uno mismo con prudencia. Para ayudarlo a manejar mejor, le arrimo para sus recortes esta
Oracion del automovilista
"Señor, dame una mano firme y un ojo atento a fin de que no lastime a nadie mientras maneje mi automóvil.
Tú eres quien ha regalado la vida a todos, por eso te ruego que ninguna maniobra mía llegue a quitar o dañar lo que tú has dado.
Protege, Señor, a los que me acompañan, de cualquier accidente, choque, frenada brusca, del fuego y de todos los peligros.
Enséñame a usar mi automóvil para las necesidades de los otros. Haz que lo ponga al servicio de los demás, y no que lo cuide tanto que ponga a los demás al servicio de mi automóvil.
Que ningún apuro, ninguna velocidad, ningún otro interés me obligue a seguir de largo cuando ves a alguien necesitado en el camino; porque alguna vez estaré yo también necesitado de alguien que maneje su automóvil.
María, madre de Dios, mientras marchemos por el camino, guíanos hacia tu Hijo, que no sólo es el camino sino también la verdad y la vida".
¡Hasta el miércoles!