¡Buenas tardes! Domingo por la mañana. Un hombre de condición humilde se me acerca. "Padre, me dice, quiero hablar con usted". "¡Qué pena, le respondo. Hay un grupo de gente que cité a una reunión. Me están esperando hace varios minutos". El me mira con sus ojos tristes y me dice con un dejo de amargura: "¡Qué suerte que tiene, padre, qué suerte: hay alguien que lo espera...!".
Entonces comprendo su drama. Es un hombre solo, proveniente de otro punto del país. Sin familiares ni amigos. Alquila una piecita, y nunca nadie lo espera a su regreso....
Esto sucedió hace varios años. Recuerdo que, a pesar de la reunión, me quedé un ratito más conversando con él. Su rostro triste de hombre solitario me queda aún clavado en el recuerdo.
Tal vez usted también conozca a gente sola. ¡Qué bien le vendría una visita suya!. Mientras tanto, mientras se decida a visitarla ¿por qué no reza por ella? Le arrimo una plegaria recortada por ahí:
Por los que viven en soledad
"A tí, Jesús, que más que nadie conociste la soledad, te pedimos por los que la padecen.
Te imploramos, Señor, coloques a su paso almas desbordantes de amor que los envuelven con verdadero cariño.
Torna, Dios nuestro, su soledad en necesidad de buscarte.
Te pedimos muy en especial por aquellos que habiendo tenido una vocación familiar no pudieron materializarla.
Haznos comprender a los que gozamos gratuitamente del cariño de tantos seres queridos, su necesidad de compañía y comprensión.
Señor, ayúdanos a ser nosotros los que demos el paso de ir a buscarlos e incorporarlos a la cálida luz que brilla en nuestro hogar.
Enséñanos a ir con humildad, pues vamos a dar algo que es nuestro, pero no por mérito propio, y que nos puede ser arrebatado de un momento a otro.
Danos comprensión para saber recibir, tal vez de ellos lo que aún no hemos sabido encontrar".
¡Hasta el viernes!