NUESTROS TIEMPOS
Llegamos a un momento decisivo en el tiempo de la humanidad. Profetas, discípulos del Señor, por miles de años han predicado su Palabra, que no se ha diluido en el tiempo, al contrario, fue cobrando nuevas fuerzas, para ser lo que es hoy, una fuerza imparable. Es claro, que también el mal ha avanzado inimaginablemente y desgraciadamente dobla en cantidad, pero aunque quedara en el Pueblo de Dios solo un manojo de cristianos, solo eso bastará para leudar el resto de la masa.
Sí, llegó el tiempo en que el Señor está preparando a Su Pueblo, y lo hace sin intermediarios, se baja hasta nosotros para dejar sus mensajes, mensajes claros, específicos, que debemos cumplir. El Pueblo de Dios con respeto y reverencia no demora en ejecutar lo que el Señor pide, no siempre se entienden sus pedidos, no siempre se está de acuerdo, pero lo que sí sabemos con seguridad, que los tiempos se acaban y que Él ha elegido a Su Pueblo para ser ofrecido como instrumento limpio, un vaso noble, bueno para toda obra buena.
Los cristianos vemos con tristeza que los tiempos se acaban y que la humanidad está ciega, que sigue pecando como si este mundo caído jamás tendría fin. No entienden, no escuchan, es más, cuando les predican la Palabra de Dios cierran sus oídos, y dicen: ¡otra vez con lo mismo! Creen que su Palabra es un cuento, algo que no se va a cumplir, y siguen con su vida pecaminosa o lo que es peor aquellos muchísimos "buenos cristianos" que tibiecitos hacen lo que les conviene: a esos les vomitaré de mi boca dice el Señor.
Con desesperación, también queremos rescatar a nuestra propia familia, pues como en tiempos de Noé también ellos no nos escuchan, no creen y lo peor es que sabemos que a nadie se puede obligar, que solo una conversión profunda puede cambiar al hombre. El Pueblo de Dios no se encuentra, como algunos suponen, en una religión en especial, sino que a este Pueblo lo podemos encontrar en cualquier parte, no solo en un templo, estos son los elegidos por el Señor, que le han escuchado y presurosamente como fieles servidores se han hecho Uno con la voluntad de Él. Frente a un terrible panorama, El Pueblo de Dios lucha, se prepara, estudia, pide los dones que necesita a su Padre para ayudar humildemente en el rescate de sus hermanos, tarea difícil para este Pueblo que también es pecador, que además de ayudar a sus hermanos, deben velar constantemente por ellos mismos, para no caer. Aquí se despliega la infinita misericordia de Dios que nos espera con sus brazos abiertos, que va a perdonarnos hasta el último segundo de nuestra vida, con solo pedirle sinceramente perdón por todos nuestros pecados, confesando con nuestra boca que por la Sangre de su Hijo Jesucristo fuimos salvos y que Él es nuestro único Salvador; que queremos iniciar una nueva vida, que por cierto no será fácil, pues seguir a Jesús nunca ha sido fácil, pero si hacemos esto, sabremos del gozo, la paz, que nos inunda al vivir en obediencia. Si oran, si leen y escuchan la Palabra de Dios todos los días, irán preparando la tierra para que germine su Semilla, únete a un grupo que piensa como tú y obra en consecuencia .Queda poco tiempo, eso lo está diciendo el Señor en este preciso momento a su Pueblo, y sé que algunos no creen, que están cansados de escuchar su Palabra y ver que nunca se cumple. Dios en su infinita misericordia, porque te ama con la ternura y la fuerza de un padre, atrasa los tiempos, esperando por ti, para que te arrepientas y que sea el amor mismo del Padre que pueda transformarte. Súbete a la barca, esa tierra maravillosa que nos promete el Señor en su Palabra está a la puerta, donde no habrá rechinar de dientes, ni dolor, ni llanto.
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