Un "entusiasmador profesional", un articulador entre el afuera y el adentro de la escuela, un director técnico, un dirigente social, el responsable máximo de lo que pasa en el colegio, un líder. Nada más y nada menos es lo que se espera y se exige para estar al frente de una institución educativa en cualquiera de sus niveles y tipos de gestión. El o la directora son el camino, la red de unión entre el proyecto pedagógico, el desempeño de los docentes, el rendimiento de los alumnos, la contención familiar y el entorno comunitario.
¿Quién está detrás del rol del director? ¿Cómo hacen para aprovechar las oportunidades y desafiar las dificultades del quehacer cotidiano? A estas y otras inquietudes relacionadas trata de aportar algunas respuestas este informe de Clarín Educación, apuntado no solo a los docentes, sino también -y especialmente- a los padres, de modo de ampliar y mejorar la comprensión mutua.
"El director anima y entusiasma a los docentes a formar parte de un equipo detrás de una visión de la educación y detrás de altas expectativas. Él tiene altas expectativas, las genera sobre el trabajo de sus docentes y hace que éstos las tengan sobre los alumnos", gráfica Claudia Romero, directora del Área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). El "deber ser" de ese buen conductor implica, además, articular "el afuera y el adentro", el proyecto escolar, el mundo exterior y otras instituciones, representar a la escuela y sus intereses en la comunidad y hacerla dialogar con el proyecto educativo.
Si observáramos de manera detallada y sistemática las actividades del director durante un período de tiempo, descubriríamos variedad, fragmentación, corto plazo, desconexión. Estos hallazgos, describe Susan Giordano, especialista en liderazgo para el cambio y asesora educativa, "sugieren que dada la naturaleza de su rol, el director está obligado a realizar un gran número de tareas a un paso implacable e incansable".
Para Giordano, esto es porque "el director es el responsable máximo de todo lo que ocurre en la escuela: del personal docente, asegurándose que estén físicamente presentes y realizando su tarea al mejor nivel posible; de la curricula, comprobando que los docentes estén enseñando y los alumnos aprendiendo; frente a los padres, para que todos tengan la oportunidad de expresar sus opiniones y preocupaciones; de proteger la seguridad física y emocional de los estudiantes". Y, naturalmente, la lista no se agota aquí, pero vale destacar esta suma de responsabilidades fundamentales para calibrar su relevancia.
Al trabajo en equipo con los docentes, la contención de las problemáticas familiares y el sostenimiento y garantía del aprendizaje de los alumnos, hay que sumarle una de las complejas tareas tradicionales, no siempre bien valorada o comprendida: la gestión administrativa. En realidad, el director era antes "un gestionador", reconoce Gabriela Farrán, docente de media en el Colegio de la Ciudad de Bel-grano, y especialista en educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
Ahora, en cambio, cumple su función de "estar siempre en la escuela sin la carga horaria de tener que dar clases. Esa disponibilidad permite una escucha para los problemas que hay a diario, hace lugar a otro vínculo, y es una nueva direccionalidad clave", puntualiza Farrán.
Entre todas estas tareas y responsabilidades existe un hilo conductor: se trata del proyecto educativo. "Lo que ocurre habitualmente es que el liderazgo está desenfocado de las tareas pedagógicas. Le queda lo administrativo, la gestión, ser un relacionista público, tener un rol hacia afuera. Pero es esencial que ponga el ojo en la tarea pedagógica, que transmita que le importa eso para que a los docentes también les preocupe. Muy pocas veces se ven directores hablando de cuestiones pedagógicas con los docentes", asegura Claudia Romero.
En otras palabras, tener una visión educativa consiste en la "responsabilidad de generar una coherencia interna en el. trabajo pedagógico, un mínimo de proyecto garantizado en todos los docentes", enfatiza la directora de Educación de UTDT.
"El mayor desafío es lograr que el equipo que lidera se transforme en una «comunidad de práctica». Tiene que crear las condiciones para que en su organización se dialogue abiertamente alrededor de las metas, las prioridades y los estándares profesionales; y tiene que fomentar la adquisición de destrezas necesarias para trabajar colaborativamente", detalla Susan Giordano, directora de escuela primaria con 40 años de antigüedad docente.
El líder "modela el aprendizaje, el trabajo en equipo y la apertura al feedback de los colegas, y genera la necesidad de cambio explicando el porqué detrás del proceso en el que participan. Debe desarrollar una escucha activa y promover conversaciones en las que no sólo se discuten los aspectos técnicos del cambio sino que se sacan a la luz las creencias, supuestos y temores que todo proceso de cambio provoca", agrega Giordano.
ESTILOS DE CONDUCCIÓN
¿Qué pasa cuando estas ideas sobre cómo debe ejercer su rol un director se trasladan al día a día de la escuela? ¿Cómo se sienten los protagonistas cuando caminan por los pasillos, conversan con los docentes, contienen a los padres, escuchan a los alumnos? ¿Existen diferentes estilos para conducir una institución educativa?
Para explicar su trabajo, Osvaldo Dallera, rector del Colegio Schónthal, de Flores, propone utilizar la metáfora del director técnico de fútbol. El rector o director "es el responsable técnico de la conducción y organización política y pedagógica de los actores que intervienen en el juego de la institución escolar". Se relaciona con los dirigentes (dueños de la escuela, comisión directiva, funcionarios municipales según el tipo de gestión), con el equipo de jugadores (los docentes), los simpatizantes (padres) y ayudantes de campo (tutores, gabinete) en pos de conseguir el resultado: el aprendizaje de todos los alumnos y alumnas.
En este marco, el DT debe lidiar con los objetivos políticos y los pedagógicos. Hay "dos proyectos posibles: uno más participativo donde uno escucha a los demás, les dice cómo tiene que hacer, etcétera y otro que es más vertical y que se ejerce con más autoridad", define Osvaldo, quien tuvo la posibilidad de iniciar su gestión junto con la inauguración del colegio secundario.
Verónica Correia, directora de primaria del Colegio de los Santos Padres, de Bella Vista, aprovecha la ventaja de tener una "comunidad chica" que le permite "construir relaciones muy cercanas". "Esto tiene beneficios porque uno conoce por el nombre a todos los niños y a los padres, sabe las situaciones personales y familiares que se atraviesan y puede identificar cómo está aprendiendo cada uno y cuáles son las necesidades. Pero también puede tener sus riesgos si se confunde la cercanía con la falta de autoridad o con cómo se establecen los acuerdos entre todos los actores sociales", reflexiona.
"La principal herramienta de un director es la palabra, porque con ella transmite sus ideas, sus conocimientos, sus sentimientos. Conocer y mejorar las propias habilidades comunicativas es fundamental para un directivo, aunque no menos importante es la escucha activa. Sólo así se puede desentrañar los tipos de conversaciones que mantenemos y tratar de dar respuestas a las demandas que se nos presentan", sostiene Verónica.
Esa capacidad y cuidado por la palabra es la misma que construye y sostiene la autoridad y que debe estar acompañada de una "posición ética frente al trabajo", continúa esta directora con 22 años de antigüedad docente. Y continúa su reflexión: "El buen conductor tiene que disfrutar de su trabajo, evitar la queja, el enojo y el reclamo constante, buscar soluciones posibles a las dificultades y tener buen humor".
Carlos Ballán prefiere recorrer los pasillos, los patios y pasar por las aulas durante las horas de clase. En el camino se reúne con las maestras, los padres y soluciona problemas edilicios o de comportamiento de algún alumno. Así transcurre su día.
"Me gusta caminar la escuela siempre que puedo. Trato de no estar mucho tiempo en mi oficina, pero me hago tiempo para chequear los mails y sentarme a trabajar con unos informes que estamos implementando a través de Internet o con alguna maestra para poder facilitarle el acceso a la web. A veces surge algún imprevisto y hay que salir corriendo", narra el director de Orientación y Tutoría del Colegio Jesús en el Huerto de los Olivos, de Olivos. Antes fue director, vicedirector y, en sus comienzos, profesor de Educación Física.
Para que lo urgente no tape lo importante, "antes del comienzo de clases se trabaja más en el largo plazo y durante el año se buscan espacios para reflexionar sobre el mediano plazo. Además, hay que hacerse un tiempo y pensar en las políticas que uno va a implementar para que el colegio continúe mejorando. A veces es difícil pero lo tengo presente y lo genero", asegura Carlos.
A pesar de los estilos diferentes, directores y especialistas coinciden en la importancia de la formación académica para sostenerse en el cargo. "Si la tarea de los docentes está en torno al trabajo con el conocimiento, los directivos también tenemos que estar en sintonía y acercarnos al conocimiento para construirlo y compartirlo", advierte Verónica Correia.
En la escuela pública especialmente "un director es alguien que juntó mucha experiencia, mucho puntaje, se presentó al examen y logró el cargo. No hay formación, hay experiencias de directores que aprovechan haber llegado al cargo para hacer algo interesante a través del ensayo y error. Lo bueno para no estar solos es armar un colectivo de estudio, redes de trabajo, compartir experiencias", sugiere Gabriela Farrán. Claudia Romero concluye: "Están muy solos, se hacen solos. Es una tarea muy sofisticada si quiere ser bueno".
Por Leila Mesyngier