¡Buenas tardes! Ezequiel Martínez Estrada se lamentaba diciendo: "Se acopian datos, como se coleccionan estampillas o se acumulan hectáreas o cabezas, y a ese trabajo de operarios se llama historiador, como a esos materiales que se buscan se les llama historia". Por el contrario, en el decir de Gregorio Marañón, "la historia no se hace sólo con datos, sino también con interpretaciones".
Entre las muchas maneras de dividir la historia, existe la de la guerra y la de la paz.
La historia de la guerra (o más en general, de la violencia) se refleja en estos dos pensamientos que siguen. ¨La historia no es más que una exposición de crímenes y dolores¨ (Voltaire). ¨La historia no es un simple recuento de hechos pasados. Es más bien un negro expediente donde se asientan los delitos de la humanidad" (André Malraux).
Por el contrario, la historia de la paz (que es la historia de la civilización) incluye algo bien diferente. Cervantes escribió: ¨La historia es émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo porvenir¨.
Will y Ariel Durant, dos historiadores norteamericanos merecidamente galardonados, nos dan un testimonio alentador: ¨Para quienes estudiamos la historia no sólo como advertencia contra las locuras y los crímenes del hombre, sino como alentador recuerdo de las almas creadoras, el pasado deja de ser una deprimente galería de horrores. Se vuelve una ciudad celestial, una espaciosa patria del espíritu, donde una miríada de santos, estadistas, inventores, científicos, poetas, pintores, músicos, amantes y filósofos aún viven y hablan, enseñan, pintan y cantan".
Lo dijo también bellamente el padre Veilleux: ¨La historia es una sinfonía que revela su secreto sólo a quienes descubren su ritmo interno¨.
Termino con una sabia frase de Rollin: "La historia es la luz de los tiempos, la depositaria de los acontecimientos, el testimonio fiel de la verdad, la fuente de los buenos consejos y de la prudencia, la regla de conducta y de costumbres".
¡Hasta el lunes!