¡Buenas tardes! Kioto nos legó una frase que, bien entendida, puede hacernos bien a todos: "Las grandes obras las sueñan los santos locos, las hacen los luchadores natos, las aprovechan los felices cuerdos, las critican los inútiles crónicos".
¿En qué categoría nos ubicamos? La peor de todas sería la última. Si navegamos por ellas no nos contamos entre los seres precisamente originales.
La mayoría critica, porque resulta más fácil criticar que actuar. La crítica es fácil, el arte difícil, decían con amargura los pintores renacentistas.
Aunque... a veces es preferible no actuar, cuando las propias limitaciones o la oportunidad lo imponen.
"No lo hagas si no conviene, no lo digas si no es verdad", escribió sensatamente Marco Aurelio.
A propósito, hay un viejo pensamiento árabe escrito para leerse sin apuro. Y, tal vez, para tenerlo siempre a mano:
no digas todo lo que sabes,
no hagas todo lo que puedes,
no creas todo lo que oyes,
no gastes todo lo que tienes,
porque
el que dice todo lo que sabe,
el que hace todo lo que puede,
el que cree todo lo que oye,
el que gasta todo lo que tiene,
muchas veces
Dice lo que no le conviene,
hace lo que no debe,
juzga lo que no ve,
gasta lo que no puede.
Dar a cada cosa su tiempo es buen principio de acción: "No demasiado aprisa, ni demasiado despacio: una obra, para que tenga resultados positivos y perdurables, debe hacerse en su tiempo justo" (Dámaso Trienti).
¡Hasta el lunes!