¡Buenas tardes! La vida es algo grande y bien complejo. Pero está hecha también de pequeñeces. En el decir de Anatole France, "son las pequeñas cosas las que ocupan un gran sitio en nuestra vida". O como Gamaliel Bradford escribiera, "en las grandes ocasiones el hombre se muestra como quiere ser visto, en las pequeñas, como es".
Roque Schneider tiene un librito que se titula precisamente "El valor de las pequeñas cosas". No viene mal asomarse a lo que dice:
"Con cada falta de delicadeza hiero un poco a aquellos que me aman.
Con cada desatención no soy ni educado ni cristiano.
Con cada mirada de desprecio alguien resulta golpeado.
Con cada gesto de impaciencia doy una bofetada invisible a los que viven a mi lado.
Con cada perdón que niego va un pedazo de mi egoísmo.
Con cada resentimiento que esbozo revelo algo de mi amor propio herido.
Con cada palabra áspera que digo pierdo unos puntos para el cielo.
Con cada omisión que practico rasgo una hoja del Evangelio.
Con cada limosna que niego alejo más triste a un pobre.
Con cada juicio malicioso aflora mi lado mezquino.
Con cada oración que no hago pierdo un mundo de gracias.
Con cada burla que hago peco contra el silencio.
Con cada llanto que enjugo hago más feliz a un hermano.
Con cada acto de fe canto un himno a la vida.
Con cada sonrisa que desparramo planto una esperanza.
Con cada espina que clavo lastimo el corazón de un semejante.
Con cada espina que arranco, alguien besará mi mano".
En el decir de La Bruyere "no hay nada que refresque al alma tanto como una buena acción".
¡Hasta el lunes!