¡Buenas tardes! Edward Jarnold escribió una vez: "Cuando un hombre se enamora de una mujer, todo es maravilloso. Pero sólo aprenden realmente qué es el amor cuando aprenden a perdonarse mutuamente y a pedirse perdón". Es que el perdón forma parte esencial del verdadero amor.
Pero no basta perdonar de cualquier modo. Perdonar a fondo significa de algún modo olvidar también, impidiendo que los malos recuerdos incidan sobre uno. Con buen toque de ironía un marido comentaba: "Oh, sí, mi esposa perdona y olvida todo. Lo malo es que nunca olvida lo que ha perdonado y olvidado!"
Hace un tiempo me llegó una hojita mimeografiada conteniendo plegarias sueltas. Una de ellas me gustó más que las otras y me hizo bien rezarla. Tal vez a usted también.
"Reconcílianos con los hermanos, Padre, dándonos un corazón fraternal y comprensivo. Para que no nos separemos con juicios y calumnias, críticas y difamaciones. Para que nos corrijamos como hermanos, buscando el bien de todos y tu alegría de Padre.
Que seamos sinceros, Padre, para comprender y aceptar que la pequeña astilla en el ojo del hermano nos molesta y nos irrita porque está hecha de la misma madera que la viga que llevamos en el nuestro. Cuando la vemos nos descubrimos, cuando la denunciamos nos delatamos.
Danos un corazón bondadoso, Padre, para que no nos hagamos más pesadas nuestras cargas y nos ayudemos a llevarlas como hermanos. Que nos ayudemos a ser mejores y no nos fijemos en lo peor, juzgándonos y condenándonos.
Es maravilloso descubrir que cuando amamos y comprendemos, cuando tendemos una mano amistosa a los hermanos, desatamos sus pecados y defectos, para que al final del camino nos encontremos todos en la paz y en la comunión contigo".
Y como broche final, este pensamiento de Luis Homero: "Cuando alguien te dé un puntapié, en vez de devolvérselo, recuerda que diste un paso al frente, en tanto que él quedó un paso atrás". Para sonreir… y pensar.
¡Hasta el viernes!