¡Buenas tardes! ¿Problemas? ¡Quién no los tiene! Le digo una cosa: por muy grandes que sean, usted es más importante que todos ellos, y no puede permitir que lo avasallen. Además, los problemas son buenos estimulantes de la actividad humana. Alguna vez Erwin Kilberheyer escribió: ¨Los problemas sin resolver, no los resueltos, son los que mantienen viva la mente¨.
¿Por qué no le deja un lugar a Dios, para que actúe? ¨Las personas más agradables y útiles son las que dejan algunos problemas del universo para que Dios se preocupe por ellos¨, acotó Don Marquis con buen realismo y humor. Hablando de humor, Ed How dijo alguna vez que ¨si no aprende a reírse de los problemas, no tendrá de qué reírse en la vejez¨. En realidad sigue siendo cierto el viejo principio chino: "Si el problema tiene solución, ¿por qué preocuparse? Y si no tiene solución ¿por qué preocuparse?"
Ralph Woods cuenta una pequeña experiencia de un colega. Al percatarse de que cada vez necesitaba de más tiempo para aconsejar a aquellos que acudían a él en busca de paz espiritual, un sacerdote decidió reunir a todos en una fecha posterior. Para ese entonces habría unas diez personas. Los citó deliberadamente a la misma hora y en el mismo lugar. Llegado el momento, el clérigo se presentó y anunció que un asunto de urgencia lo obligaba a ausentarse durante una hora, por lo que sugería que charlasen entre sí mientras regresaba. Cuando volvió un solo feligrés lo aguardaba en la sala. Los otros, dijo éste, lo habían designado para explicarle que, habiendo escuchado las preocupaciones de los demás, habían comprendido que sus problemas no eran tan graves…
¿Mal ajeno consuelo de tontos? Puede ser, pero no viene mal recordar que todos, quien más, quien menos, algo de tontos tenemos. Por lo demás, viene bien comparar nuestro problema con el de otros: nos ayuda a reducirlo a sus justas dimensiones.
Un buen tema tal vez para charlarlo en familia.
¡Hasta el lunes!