¡Buenas tardes! El 29 de junio celebramos el Día del Pontífice. Nuestro querido Benedicto XVI ha venido sufriendo una serie de ataques mediáticos, ligados al tema de abusos realizados por miembros del clero. Lo curioso es que, nunca como hoy, el Papa ha recibido tantas muestras de afectuoso apoyo de parte de los católicos y de muchos que no lo son. La gente percibió que, más allá de la verdad de muchos casos denunciados, hay una campaña bien montada para desautorizar a su persona y a lo que su alto ministerio representa.
Ya sabemos que, si la calumnia no quema, al menos tizna. Creo que es el momento de rescatar su figura, no por simple principio de autoridad, sino sobre todo por su valor como persona, consagrada al servicio tal vez más difícil de toda la Iglesia.
Ratzinger "es un hombre de gran estatura moral, además de intelectual. La crisis actual no se debe a sus actos u omisiones, en todo caso se puede no estar de acuerdo con el modo de conducir a la Iglesia en la presente tormenta. Por otra parte, las relaciones ecuménicas e interreligiosas no se han visto afectadas durante su gobierno, independientemente que se comparta o no la visión de Ratzinger sobre tiempos y oportunidades. Muy probablemente la historia le reconocerá méritos que sus contemporáneos no ven".
Lo escribía no hace mucho José María Poirier Lalanne, un experto en temas eclesiales. Agrega:
"Desde el primer momento de su pontificado hizo grandes esfuerzos por sanear la curia central, al reemplazar figuras oscuras y cuestionadas que provenían del gobierno de Wojtila. Se trata de un hombre estudioso y muy atento a las razones en cada debate, de notable sensibilidad artística y de amable trato personal…
¿Recuerdan sus primeras palabras como Pontífice? "Después del gran papa Juan Pablo II los señores cardenales me eligieron, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor. Me consuela el hecho de que El sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones". Recemos, pues, hoy especialmente por él.
¡Hasta el miércoles!