¡Buenas tardes! Decía Montaigne que "los hábitos son la victoria del tiempo sobre la voluntad". Smiles lo explica un poco más cuando escribe: "Las costumbres terminan por tener tal imperio sobre nosotros, que aún antes de darnos cuenta, les hemos sacrificado ya, en cierta medida, nuestra libertad".
Hay hábitos buenos y malos, en realidad. Los buenos nos hacen libres, los malos nos esclavizan. De ahí la importancia de distinguirlos a tiempo y de entrenarnos para adquirir los buenos.
"Hábitos civilizados para las nuevas generaciones" es el título de una nota que lleva la firma de Antonio M. Battro y fue publicada en el diario La Nación.
"El entrenamiento es la modificación sostenida de una conducta. Por ejemplo, para domesticar a un animal es imprescindible establecer un entrenamiento sistemático. Los hay de diferentes tipos, desde los reflejos condicionados clásicos de Pavlov y hasta los reflejos instrumentales de Skinner, pasando por los procesos de impregnación de Lorenz y muchos otros.
En el ser humano, en cambio, el entrenamiento adquiere significados diferentes de acuerdo con la complejidad y valor social o cultural de un comportamiento dado. La habilidad motriz de un pianista es fruto de un entrenamiento sistemático. Sin embargo, no se elogia a un pianista diciendo que "está bien entrenado" puesto que la interpretación musical propiamente dicha se apoya en estos hábitos musculares pero jamás se reduce a ella. Los automatismos son suficientes para una pianola mecánica, pero no bastan para "hacer música".
En definitiva, en la mayor parte de las actividades humanas el entrenamiento es una condición necesaria, pero no suficiente. Ello implica que sin entrenamiento no hay hábito posible. Una interpretación "perezosa", en cambio, se contentaría con registrar las limitaciones del entrenamiento sin reconocerlo como una condición indispensable para establecer cualquier tipo de hábitos.
Un buen tema para seguir profundizando, sobre todo, para padres y educadores.
¡Hasta el viernes!