¡Buenas tardes! Usted que leyó tal vez a María Granata sabe cuántas cosas hermosas dice en sus bellas páginas. En "Familia cristiana" publicó "Un niño en el alma". No se la pierda: A veces se asegura que debe ser necesariamente expulsada de nosotros la infancia que tuvimos sin que de ella quede casi nada, sólo algunas anécdotas, una que otra fotografía. Quien se negó acaso intuitivamente a esa expulsión y guardó en algún lugar de su alma -el alma es tan espaciosa...- sustancias de su niñez, lo ve al mundo con más diafanidad, lo ve y lo comprende mejor porque lo juzga desde la esperanza, desde la posibilidad de transformación de lo negativo en positivo, con otra perspectiva.
Acaso porque el haber salvado una esencia de esa edad le permite manejarse con sus claves con una percepción más nítida, nada confusa; no sólo: lo impulsa a seguir descubriendo,a poder maravillarse,"a existir de una manera" más completa. No se trata, por supuesto, de conservar en sí mismo y a conciencia una zona de inmadurez sino de mantener algo así como un resplandor, la posibilidad de un hermoso impulso, una raíz de nuestro ser inicial todavía viva y nutricia.
No es fácil defenderse de las lógicas etapas de la cronología, de sus avances y cambios. Por lo general, la vida se lleva consigo, como si las arrastrara, esas primeras sustancias preciosas de que está hecha la niñez y sólo perdura en la memoria lo episódico como si eso fuera todo.
Pero la infancia no es solamente anécdota; tampoco la memoria es el único ámbito donde se refugia para más adelante la recordemos. Es, ante todo, una privilegiada condición, una manera singular de ser y sentir la más auroral de nuestras fuerzas (...).
El hombre necesita la presencia de un niño en su alma, el que él fue o, de lo contrario, de un niño que reemplace al que dejó irse de su ser, al que dejó que se desdibujara en la primera bruma que le presentó la adolescencia. Pero siempre es tiempo para un rescate valioso...
La nota sigue desgranando otras bellas ituiciones. Pero lo transcripto basta para invitarnos a un reencuentro. Con la niñez. La nuestra. La que acaso tenemos sofocada por el duro trajinar de cada día.
¡Hasta el lunes!