¡Buenas tardes! ¡Qué bueno es ser bueno! Así comienza una profunda y hermosa página de Hilario Spader, contenida en su librito "Cristo contigo. Mensaje de esperanza para los enfermos". Le entrego lo que dice, para que disfrute usted también:
"¡Qué bueno es ser bueno! Tener la seguridad de que se vive al servicio de los demás. Saber que alguien fue feliz con lo que dijimos o hicimos.
Qué bueno es ver que pasan los años y que las buenas obras, dejadas a lo largo del camino, beneficiaron a tantos hermanos necesitados (…).
Qué bueno es ser semilla, que aprendió a morir para dar la vida a los que nos siguen.
Qué bueno es hacer y olvidar lo que se hizo, entregando a la divina "contabilidad" las monedas de amor con que se ayudó al prójimo.
Qué bueno es extender las manos hacia los que tienen dificultades para caminar, prestar los ojos al que no ve, hablar por el que no habla o no tiene coraje de hablar.
Qué bueno es iluminarse con la luz que encendemos en los demás, recibiendo en el corazón los reflejos de la paz que repartimos.
Qué bueno es dejar que los otros sean como son, sin querer tratar a todo el mundo de la misma manera que se manufacturan los trajes o se fabrican los automóviles.
Qué bueno es permitir que otros piensen de un modo diferente al nuestro, aceptando las críticas y creyéndolas con sinceridad.
Qué bueno es respetar a los demás, no queriendo repartir los pedazos de la cruz que cargamos, sobrecargando así a hombros ajenos.
Qué bueno es saber callar a tiempo, hablar a tiempo, y especialmente, oír mucho a los demás.
Qué bueno es saber que la felicidad tiene los rumbos que uno quiere y el corazón elige".
¡Qué bueno es ser bueno! Y qué difícil resulta a veces. Intentar cada mañana es comenzar a serlo ya.
¡Hasta el lunes!