¡Buenas tardes! ¿Fracasos? ¿Quién no los tiene? Le transcribo unos pensamientos para cuando le pesen mucho. Está en el libro "Del sufrimiento a la paz", de Ignacio Larrañaga:
"El fracaso es un concepto subjetivo y relativo. Nace y vive en la mente cuando y en la medida en que rechazas el resultado. Y, a partir de ese momento, el fracaso comienza a presionarte, o al menos, tú así lo sientes. En la medida en que sientes esa presión, tú la resistes con toda el alma: presión y resistencia son siempre acciones correlativas. En la medida en que resistes, la presión del fracaso es aceleradamente más opresiva.
Y así, encerrado en ese círculo vicioso, mortífero y fatal, el hombre puede llegar a ser víctima de profundas perturbaciones de personalidad. ¡Despierta, pues! Y advierte que no es el fracaso el que te tiene atrapado a ti, sino que eres tú y sólo tú, el que está dándose de cabeza, con tus resistencias mentales, contra aquel resultado negativo.
Aquello que, inicialmente no fue más que un resultado imprevisible y parcial, a fuerza de darle vueltas en la cabeza y resistirlo en el corazón, lo has ido convirtiendo en un espectro monstruoso que te atemoriza y oprime. El problema está en ti.
¿Qué hacer pues? Mirando a tu futuro, es necesario distinguir dos cosas, el esfuerzo y el resultado. El esfuerzo depende de ti, el resultado, no.
En lo que depende de ti, debes lanzarte al combate con todas las armas y todos los medios a tu alcance: la experiencia de la vida, la colaboración de los demás, el sentido común, la ley de la proporcionalidad, el idealismo, el entusiasmo, la discreción (…).
Debe haber, pues, una pasión. Pero también debe haber paz. Una vez agotados todos los recursos y que se acabó el combate y todo está consumado, el sentido común y la sabiduría más elemental de la vida nos confirman que es insensatez perder el tiempo en lamentaciones, dándose de cabeza contra el muro indestructible de un hecho consumado. Relega los resultados al rincón del olvido y quédate en paz".
Una página (y un libro) para tenerse a mano. Siempre.
¡Hasta el viernes!